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Consumir agua antes, durante y después de la actividad física es clave para mantener la temperatura corporal, sobre todo si tenemos en cuenta que entre el 60 y el 65% del cuerpo humano está compuesto por agua.

Cuando una persona pierde líquidos que equivalen al 2% del peso corporal, hay alteraciones en la capacidad termorreguladora. Si la pérdida sube al 3% se da una disminución del rendimiento. Pero si supera el 6% habrá un agotamiento extremo, un riesgo de coma y hasta la muerte.

Lo ideal es que una persona ingiera entre 2 y 3 litros de agua cada día. Se dice que la sed es un indicador a destiempo de la deshidratación. Cuando alguien la percibe es porque viene presentándose de tiempo atrás.
 
Según el portal fucsia.co, el sudor es el mecanismo que ayuda a regular la temperatura del cuerpo, pero si este no se hidrata y la pérdida de líquidos es muy grande, puede disminuir el rendimiento deportivo hasta en un 40%.
 
Cabe recordar que para tener una buena condición física una persona debe hacer ejercicio por lo menos tres veces a la semana durante 30 a 45 minutos por sesión. Allí, además del agua, se debe procurar recuperar vitaminas, minerales, proteínas, energía y otros nutrientes que se consumen durante el ejercicio.

“La correcta hidratación, una dieta balanceada y el ejercicio son las claves para mantener tu cuerpo saludable permanentemente”, concluye fucsia.co.